Abrimos nuestras puertas en 2019 con una idea sencilla: ofrecer un refugio urbano donde las personas pudieran reconectar con el trabajo manual. En una época dominada por las pantallas, creíamos que había necesidad de espacios donde crear con las manos.
Desde entonces, más de 800 personas han pasado por nuestros talleres. Algunos llegaron sin haber tocado un pincel en su vida; otros buscaban perfeccionar técnicas que ya dominaban. Todos encontraron un ambiente donde explorar sin prisas.
Nuestro modelo se basa en grupos reducidos y materiales de calidad. Preferimos que cada participante reciba atención personalizada a maximizar el número de plazas. Esta filosofía nos ha permitido mantener una comunidad fiel de alumnos que regresan temporada tras temporada.
Los principios que guían cada decisión que tomamos
Grupos pequeños permiten un aprendizaje más profundo. Cada participante merece tiempo y atención individual para desarrollar sus habilidades.
Trabajamos preferentemente con proveedores locales y materiales sostenibles. La creatividad no tiene por qué estar reñida con el respeto al entorno.
Fomentamos las conexiones entre participantes. Muchas amistades han surgido alrededor de nuestras mesas de trabajo.
Nuestro local de 180 metros cuadrados está distribuido en tres zonas diferenciadas: el área de trabajo húmedo (cerámica y pintura), el espacio de trabajo seco (encuadernación, macramé) y una pequeña sala de descanso donde compartir impresiones entre sesiones.
Formada en la Escuela de Cerámica de La Moncloa, Marta lleva quince años trabajando el barro. Ha expuesto en ferias nacionales y colaborado con estudios de arquitectura en proyectos de revestimiento. Su paciencia y meticulosidad la convierten en una instructora excepcional para principiantes.
Licenciado en Bellas Artes por la Universidad Complutense, Javier compagina su labor docente con su carrera como pintor. Su especialidad es el paisaje urbano, aunque domina múltiples técnicas. Cree firmemente que cualquier persona puede aprender a pintar con la guía adecuada.
Autodidacta reconvertida en experta, Silvia descubrió la encuadernación hace una década y desde entonces no ha parado de investigar técnicas tradicionales. Ha estudiado con maestros japoneses y belgas, y su taller personal es un laberinto de papeles de todo el mundo.
Con formación en diseño de interiores, Carla encontró en el macramé una manera de unir su pasión por la decoración con el trabajo manual. Sus piezas han aparecido en revistas de diseño y ha realizado encargos para tiendas de decoración de toda España.